Llegaron ambos candidatos al Plató de la Academia en situaciones diametralmente opuestas y por tanto con objetivos bien distintos.
Rajoy encontró su Santo Grial en Política: La Confianza.
Mariano Rajoy, que se presentaba como claro favorito a la Presidencia con una ventaja muy holgada en las encuestas, venía con la misión de ofrecer un perfil de Presidente pero no de prepotente para no caer en la desidia electoral, de difundir la imagen del sosiego para tratar de generar la consabida confianza que es su Santo Grial en la política y la moderación como bandera para mantener el grueso de los votos del electorado centrista que hoy tiene en el bote. En términos generales se puede decir que consiguió las tres cosas, salvo en algún tramo de la segunda sección del debate donde Rubalcaba lanzó buenos dardos aprovechando las declaraciones siempre incendiarias de Esperanza Aguirre. Una razón más que tiene Mariano Rajoy Brey para liquidarla en cuanto llegue a la Moncloa. La imagen de Rajoy fue aplomada, con menos tics de los acostumbrados, con un discurso fluido, aunque excesivamente apoyado en la lectura lo cual le obligaba a bajar la mirada. Eso le hizo perder conectividad. Eso sí, esta vez Rajoy nada tuvo que ver con el candidato de ojos exorbitados de hace cuatro años que corría a la desesperada detrás de las encuestas. Rubalcaba solo tuvo que sellar su tumba.
Rubalcaba se presentaba desquiciado electoralmente, con la mente puesta más en la Secretaría General del PSOE que en la batalla del 20 N, ya perdida.
Sus estrategias se cernían como demasiado inciertas; ¿rascar de la izquierda o del centro?, apostó por lo primero y por tanto por volver introducir en la opinión pública de izquierdas la sombra de una “agenda oculta de la derecha”, un guerrismo trasnochado que aparentemente no ha causado demasiado efecto. En todo caso incertidumbre más que sospecha.
Pero es que su condición de Candidato suponía, ya en si, una contradictio in terminis. ¿Cómo ser el redentor de los males económicos habiendo sido uno de los más fervientes pecadores? ¿Cómo ser visible para ejercer el liderazgo y al mismo tiempo resultar invisible para que se obvie la atención sobre su obra?
Con una losa cuyo epitafio inscribía: “No credibilidad”, Alfredo Pérez Rubalcaba sellaba hoy su tumba política.
El mismo otorgó la condición de Presidente a Rajoy, con cual le regaló la primera victoria. Tras la primera sección del debate un asesor le advirtió del error pero ya era demasiado tarde.
Rubalcaba parecía conocer al dedillo las líneas programáticas de los Populares y para nada habló del suyo propio con lo cual dio a entender que el programa del PP será el proyecto piloto del Gobierno de los próximos 4 años y que en plena campaña electoral hacía prácticas de Jefe de la Oposición. Eso sí, ha nacido una estrella del mundo del periodismo puesto que utilizo parte del programa popular para someter a Rajoy a un tercer grado, aunque nadie ha valorado esa faceta porque no estaba allí para eso.
La imagen de Pérez Rubalcaba en la distancia resultaba correcta pero en los primerísimos planos mareaba a la pantalla y al espectador con movimientos espasmódicos de su cabeza e infinitos parpadeos. Su mirada jamás logró captar la atención del público. Interrumpió en varias ocasiones fuera de turno y metió demasiadas pifias.
Pasemos al fondo. A este capítulo se le puede dedicar tres o cuatro líneas, eso siendo generosos. El debate fue una ratificación de lo que se ha venido planteando por ambos partidos en los últimos años y por tanto en campaña: ambigüedad popular e incompentencia socialista.
Rubalcaba no aportó nada salvo que rezaría al BCE para que bajen los tipos de interés. Rajoy no aclaró si subiría el IVA, si revisaría las pensiones, si seguiría privatizando la sanidad o en que consistirá la reforma laboral, si anunció que volverá a la ley de educación (LODE) del 2004 o que derogará la parte nominativa de la Ley de Matrimonios Homosexuales y no se cargará las Diputaciones.
En fin, el debate mejoró respecto a las anteriores ediciones en cuanto a formato, el Presentador discreto, en el buen sentido de la palabra, las televisiones privadas haciendo su agosto con la publicidad al más puro estilo campanadas de fin de año y luego un montón de contertulios ganándose los garbanzos. Ahhh y lo más importante record de audiencia…. ¿Esta es la democracia real?
http://www.anosagalicia.es/opinion-anosagalicia/opinion/278-rajoy-aguanta-el-tercer-grado-de-rubal-kao.html
http://www.anosagalicia.es/opinion-anosagalicia/opinion/278-rajoy-aguanta-el-tercer-grado-de-rubal-kao.html
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada